El despertar ordinario, el don del corazón


¿No soy mi espíritu… quien soy?

Es en un hospital, lejos todo contexto espiritual y religioso, en la enfermedad, que encontré Ese que soy últimamente. Descubrí que no era mi espíritu, que no era mi pensamiento, sino la Presencia simple y espontánea que precede toda manifestación.

El despertar ordinario es el paso de lo que creemos ser, a lo que somos verdaderamente. Este encuentro con nosotros mismos no se puede programar como una cita cualquiera. Ningún maestro , organización, ni asociación filosófica, podrá darnos lo que está en nosotros y que persistimos no ver.

En el juego de la ilusión, somos la única condición a nosotros mismos. ¡Y aunque estuviéramos convencidos de que debemos cruzar el universo con el fin de encontrarnos, en definitiva, es nuestro corazón que el Encuentro nos espera y que tiene lugar! (Texto introductorio del libro)

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Introducion


¿Que es lo que nos hace falta para ser feliz? ¿Cuanto tiempo vamos a dejarnos seducir y engañar por esta propaganda publicitaria que nos incita correr hacia una felicidad ilusoria?
¿Qué pueden aportarnos todas las riquezas del mundo y todas nuestras acumulaciones si en nuestro corazón no somos felices?

Hoy día somos testigos de nuestros propios límites y exprimimos nuestras contradicciones frente a un mundo focalizado hacia el materialismo y comprometido con ideales simplistas y mercantiles, que no nos permiten saber quienes realmente somos. Nuestra insatisfacción en esta época confusa nos empuja a la madurez, no querer hacer el mundo de una manera pueril e infantil sino más bien una revolución interior y personal. La prioridad es de orientarnos hacia la fuente de nuestros orígenes con el fin de dar un verdadero sentido a la vida y la respuesta a nuestra sed de felicidad auténtica.. Podemos decidir con la convicción que la espiritualidad es universal y que ella es el lazo de unión con nuestra identidad profunda. No es en absoluto algo que está reservado a las religiones, a las tradiciones espirituales o a otra especialidad. Si deseamos mejorar el mundo, lo primero que hay que hacer como parte integrante, de este mundo es de cuidarnos de nosotros mismos. Si sentimos esta llamada, es que este cambio nos incumbe y que es legítimo.

Ha sido en el ámbito familiar que he encontrado la espiritualidad. Al principio fue un acercamiento clásico al contacto de la tradición cristiana, mas tarde comprometiéndome en la vida budista durante numerosos años. Debido a una salud quebrantada, tomé conciencia de la urgencia y decidí de abandonar todo tipo de prácticas meditativas con el fin de consagrarme a un acercamiento más intuitivo, mas de corazón.


Para todos aquellos que aspiran a un cambio profundo a través un camino espiritual, me gustaría compartir aquello que me ha verdaderamente transformado, y que me ha conducido, a escribir este libro tratando del despertar de la conciencia y de sus carácter “ordinario”. Deseo transmitir lo mejor posible este descubrimiento, ya que para mi ha cambiado totalmente la concepción errónea que yo tenia del despertar de la conciencia de “la aventura espiritual” heredada de la tradición popular y tradicional.

Ha ocurrido mientras me encontraba encamado en un hospital, lejos de todo templo y toda practica religiosa, sin las consignas de ningún Maestro espiritual, sin ningún método y teniendo como única inspiración una oración exprimida con Corazón que a través la curación el, cuerpo y del espíritu eso se produjo.

Ha sucedido días después de mi trasplante, cuando me encontraba hospitalizado. Con gran intensidad exprimía mi gratitud, a todos aquellos que habían contribuido a mi curación, de repente, agradablemente sorprendido observé que de manera creciente “todo se ofrecía”.
A ese momento, sentí como un relajamiento profundo, acompañado de una apertura creciente y desbordante de corazón. Sentado al borde de la cama, conectado a una serie de artilugios médicos, catéteres, y perfusiones… me encontraba plenamente feliz y desbordante de un amor incondicional. Vivía las mejores horas de mi vida, sin comprender verdaderamente lo que me ocurría. Estaba plenamente satisfecho. Todo era abundante, percibía un don infinito. A través el todo una generosidad se desplegaba y yo formaba parte. Cada mañana al despertar, incrédulo, ese estado de ser permanecía aun en mí. Cual era bella esa bondad natural y resplandeciente que yo recibía. Todo era simple y gracioso a la luz generosa del corazón, a través de este amor que me colmaba. Todo se esclarecía con respecto a mi vida, y por supuesto acerca de la investidura espiritual en la cual yo me comprometí durante tantos años.

Conocerse a si mismo


Aquél que busca es “aquél” que debemos encontrar.

(…) Lejos de ser algo mítico, el despertar de la conciencia es algo corriente, “ordinario” el despertar cohabita con nosotros, esta ahí, al alcance de cada uno. No se trata de un éxito espiritual, de una trascendencia fuera del alcance, reservada a algunos elegidos o a ciertos seres de excepción y que se obtiene a través un largo camino de ascesis.

Despertarse, es comprender nuestra verdadera naturaleza, realizarse “Tal y como somos”
Ante todo, originariamente nunca hemos estado separados. Estamos en el “Ser” constantemente, independientemente de nuestra voluntad y de las diversas situaciones en la que nos vemos sometidos. Nuestra naturaleza es “la iluminación”, somos eso, y no algo escondido que hay que encontrar.
El despertar de la conciencia, no significa alcanzar un estado de conciencia superior, es:”recibir y conocer la apertura natural que subsiste en cada conciencia. Es encontrar en nosotros la felicidad perfecta, la cual perseguimos, como una sombra fugaz e inaccesible
a través las innumerables búsquedas, para poder atraparla.

El despertar de la Conciencia, es el paso de eso que creemos ser, a eso que somos verdaderamente. Es la de mistificación, el revocamiento del reino ilegítimo del espíritu conceptual, destronado por una vía directa y espontánea que se actualiza independientemente de las construcciones del mental.
Hablar de “alcanzar” el despertar o Iluminación, no tiene ningún sentido. Lo que lo caracteriza y lo atesta es que no existe realmente ningún camino ni vía espiritual.
No hay nada que alcanzar, todo está presente en nosotros.
Así pues, toda perspectiva, todo método dirigido hacia un objetivo elevado resulta caduco.
Si estamos completamente de acuerdo por estar en el eterno, presentes aquí y ahora, podemos realizar que somos ese “despertar” esa “Iluminación” y que no hay ninguna distinción entre Ella y nosotros.

Dar con el Corazón: “La Felicidad está en nosotros”


Nuestra pobreza es de no conocer nuestra riqueza.

(…) La felicidad está en nosotros. Es como un tesoro escondido y del que no tenemos
Conciencia. Es como una fuente de vida que inunda nuestro ser y a la cual no sabemos liarnos ni acceder. El hecho de haber vivido momentos de una gran intensidad profunda en nuestro ser, probamos que la felicidad y la alegría cohabitan en cada uno de nosotros. No es en absoluto un sucedáneo de felicidad que se experimenta, son iguales los momentos de alegría profunda que hemos conocido en nuestra vida. Así pues “no existen momentos aislados de felicidad” sino que más bien lo que existe es una serie de aperturas a una sola y única felicidad latente en cada uno de nosotros.

(…) En nuestro Corazón yace una vida desde siempre. Como un niño abandonado que nos espera y nos reclama. Una manera simple de reconquistar nuestro corazón, consiste en formular una aspiración, un deseo. Desde lo más profundo de nuestro ser con ímpetu y sinceridad exprimamos nuestra súplica. No es necesario para ello utilizar fórmulas mágicas, lo único que hace falta es nuestra autenticidad, nuestra fe y esperanza en la vida. Lo exprimiremos profundamente y enteramente, hasta que el espacio creado por nuestra aspiración se abra. Es a ese momento una apertura incondicional se abre en nosotros, dejándonos sin palabras, sorprendidos…
A ese momento, nos sentimos como inmersos en nuestro Ser profundo, de la misma manera que una chispa de fuego inflama la madera muerta. Nuestro Corazón está lleno de Amor contenido, como un tesoro escondido que desea ser descubierto. De una simple chispa puede nacer un brasero. (…)

(…) La primera mirada a la espontaneidad del silencio. Es el aspecto reflexivo y cognitivo
Ligado a nuestra Naturaleza comparable a la frescura del agua. De hecho no depende, ni de una consciencia, ni de una voluntad. Reconocer esta cualidad innata en nosotros, es “ver “sin las limitaciones de una mirada discriminante y dual que nos impone la consciencia ordinaria. Es situarse en un primer plano, ver desde el Corazón.
Ver que lo perfecto, no nos sitúa como simples espectadores de una perfección, sino que nos incluye en esa perfección. Eso nos libera de la duda y nos aporta la certeza. Cuando no vemos las cosas, buscamos y dudamos. (…)

(…) Ver, nos hace comprender que la separación no existe, no hay ninguna meta que alcanzar al exterior de nosotros. No hay nada que practicar o de problemas a elucidar. No existe la noción de un segundo a otro, de algo desconocido que hay que resolver. Toda división o construcción es simbólica, y solamente se produce en el seno de un mismo espacio.
Observad como estamos apegados a nuestros pensamientos, prisioneros de nuestro mental. Estar en el “Ser” la fuente de la vida y verla, nos permite despegarnos de nuestras historias y de cortar con las distracciones inútiles, respondiendo a la llamada profunda de nuestro corazón. Para realizar la “Verdad” no tenemos necesidad del intelecto, pues la Verdad es suficiente por si misma. La Verdad es entera y omnipresente, es semejante a la luz que ilumina todo, sin estrategia ni juzgamientos. Podemos permitir a esta luz que nos realice y nos ilumine.
Nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen, es su verdadera naturaleza. Es la misma cosa para la “Verdad” que existe en nosotros, ella nos conoce y nos ilumina naturalmente, sin intención, ni esfuerzo particular. (…)

Aceptarse


¿No es cierto que somos siempre los que estamos?

(…) La paz proviene de conocerse, conocerse proviene de aceptarse, y aceptarse proviene de reconciliarse. El planteamiento espiritual pasa por una reconciliación con nosotros mismos. No se puede liberar de un enemigo ignorándole o expulsándole por la fuerza, sino que se le debe domesticar. La amistad, es de trabajar sobre nuestros malos aspectos “con” nosotros y no “contra “nosotros. La primera cosa a regular es de lograr la paz consigo mismo. No hay que convertirse en pacifista o a someterse a una actitud “pacífica” sino a incorporarse a la paz tranquila y natural que surgirá del aflojamiento de nuestros conflictos por nuestra reconciliación . Nuestros malestares no los podemos compensar sino que debemos acogerlos y cuidarlos. Sufrimos en repercusión de la parte que nos falta. ¿Qué verdadera paz podrá ser posible si no tratamos lo que nos divide? Ponerse en paz con sí mismo es también hacer la paz con el otro. Es poner fin a conflictos que no curan nada.
Nos gustaría justificar que nuestras historias son más fuertes que nosotros. Todas esas historias pertenecen a nuestro mental. Nosotros no somos nuestras historias, así pues para cambiar solo depende de nosotros la decisión, no se trata de algo que hay que elaborar, hacer o no hacer. La ilusión proviene de la indecisión y de las falsas promesas que la siguen. Hay una mentira y en lugar de zanjar para ver claro preferimos tragárnosla, dejándole un espacio para existir.
La mentira ha hecho de nosotros unos mentirosos, y los mentirosos no saben más que mentir y equivocarse inteligentemente. ¿Pero quien miente? ¿Quien invierte en el hecho de mentir?  ¿Cual es ese rostro cubierto por la máscara  travestido de colores?  Si hay una mentira, hay también una verdad, sin ella, no podríamos mentir. Hay una impostura y en lugar de descubrirla, la garantizamos aún más permitiéndole existir por una fuga. Esta escapatoria puede ser muy sutil, pues sabemos bien argumentar nuestras propias conveniencias..(…)

Asumirse


No existe la ilusión sino solamente los seres que se ilusionan y que quieren creer.

(…) ¿Somos nosotros que creamos nuestros pensamientos o son los pensamientos que nos crean?, seguimos todos los pensamientos que nos viene a la mente y los defendemos sin saber realmente de donde vienen. No ser nunca la víctima y ser responsable de su ilusión es ventajoso. Eso significa que todo está en nuestras manos y que no hay nadie que tenga un poder tiránico sobre nosotros, no dependemos de nadie.
Si tenemos la facultad de ilusionarnos, la tenemos también de desilusionarnos, o dicho de otra manera de cesar de producir Ilusión. Somos los grandes creadores de todo eso.
Somos actores que interpretamos un papel, por el que nos confundimos. Cuando nos miramos en el espejo, contemplamos la mascará que disimula nuestro verdadero rostro y nos tomamos por el disfraz. ¿Hasta cuando va durar esa pantomima? . No hay ilusión en sí, solamente seres que se ilusionan y que quieren creer.
No somos nosotros que nos despertamos, es El Despertar que nos ilumina. Antes que nos llegue ese momento, pensamos haber comprendido y recorrido una gran parte del camino, haber percibido una parte de la verdad, y finalmente realizamos que todo eso pertenece al reino de los sueños, y que ninguna iluminación ocupaba lugar. Desde el punto de vista de la ilusión, esperamos siempre que “alguna cosa” se produzca, pero al mismo instante del Despertar de la conciencia, nos damos cuenta plenamente, que ese despertar ha formado parte de nosotros desde siempre, inseparable de nuestra naturaleza . Aunque esta realización nos libere, esa libertad no es algo nuevo…

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